Hay veces en las que parece que Rafa Nadal solo se mueve cómodo en el sufrimiento. Cuando más le apretaba su amigo, el argentino Juan “pico” Mónaco, en la primera ronda del ATP Buenos Aires, a punto de concluir los dos sets, salió el Nadal auténtico. Y ganó sin demasiados problemas. Pero no es agradable para él. Nadal está sufriendo de verdad y no le gusta nada. Al terminar el partido, casi a medianoche, el tenista comparecía ante la prensa local con la cara demacrada, a disgusto. Ni restos de esa simpatía natural que siempre tuvo, solo algún destello con preguntas inesperadas tipo “¿entrenas ese sonido que haces al dar cada golpe?”.
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