jeudi 18 février 2016

Messi sigue con su rutina goleadora y acaba con el ánimo del Sporting

Cuando se habla de Messi conviene dejar las frases con puntos suspensivos... Difícil saber cómo amanece. Con Leo, las cosas pueden ser un lío, o una madeja, o coser y cantar. Venía Leo de romper la pana en el Camp Nou, incluso de homenajear a Cruyff, y renunciar al gol 300 -porque iba a caer seguro- en beneficio de sus herederos, y de pasar a la historia con la humildad de quien sabe que con ese penalti escribe la segunda página, no la primera, que era de un holandés poco errante. Cuando se habla de Messi, conviene tomar aliento, porque Messi es tan suficientemente humano como para marcar goles humanos, goles laborables, grises pero útiles. Seguramente a Messi le emocionan los goles que no pasan a la historia, los que se olvidan, los que solo dan trabajo al marcador o a los exegetas capaces de convertir una nube en mar, un fuego en incendio. No, no todo lo que toca Messi es maravilloso, pero todo lo que toca Messi es útil. Fue el Barça y le dejó el balón a Messi en área, por el centro, los postes a elegir, la pierna a decidir. Y el chico tiene la costumbre de elegir bien.

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