Fiel a su estilo, el entrenador del Barcelona ofreció una conferencia de prensa en la que, aunque no perdió la voz esta vez –como hizo la última vez en la que se le inquirió sobre el futuro de Neymar–, varió el tono en función de la pregunta: cortante cuando no le interesaba responder o entrar (otra vez) al debate sobre si las filigranas en el campo faltan al respeto del rival; resuelto al hablar de fútbol; y hasta nostálgico, claro, cuando se le recordó que debe jugar en su tierra, frente al equipo en el que se crio y contra su amigo de la infancia.
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