El Sporting creyó tener ganado el partido a los cuatro minutos y acabó pidiendo la hora para conservar un punto. El Rayo mostró su mejor cara en el segundo tiempo, cuando tuvo el mando del juego y el desamparo de la fortuna. Embarba y Llorente enviaron dos balones a los postes en los últimos minutos, en los que Cuéllar también compensó con un paradón el tremendo error que facilitó el 2-2 a Jozabed. Fue el colofón a un partido loco, con alternativas, buenas jugadas sin premio y fallos groseros que facilitaron tres de los cuatro goles.
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