Hay jugadas tan sublimes que rebobinadas impactarán incluso más que en directo, porque jamás quedarán destinadas al olvido que seremos. La rutina es fugaz, pero como en todo arte, las genialidades son imperecederas, póstumas. La última originalidad, el lírico penalti entre Messi y sus distinguidos colegas, ya está bajo llave en el archivo del tesoro del fútbol, por más que le pese a esa España cainita, siempre con sus grasientas baterías a tiro.
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