Antes de abandonar la rueda de prensa previa al partido, dejando clavado un desafío estadístico en la puerta para los periodistas y al sufrido traductor con la palabra en la boca, nos aclaró Cristiano Ronaldo que a él no le gustan “las comiditas, los abracitos ni los besitos". "Esas cosas no me dicen nada”, señaló el portugués con ademanes amargos, como si de repente lo hubiera poseído el espíritu de Ned Flanders borracho de angostura y bourbon, apenas falta la combinación de un terrón de azúcar, soda y una rodaja de naranja para completar un perfecto old-fashioned. Se le ve cansado al portugués de tanta comparación malintencionada con el idílico Oz blaugrana, harto de que le canten las bondades de la maldita Dorothy Gale, el espantapájaros, el hombre de hojalata, el león, Totó, el mago y la madre que los parió a todos.
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