Hace dos meses que el Deportivo no gana un partido y ahí está en el camino de batir plusmarcas con 14 igualadas en 24 jornadas. Ayer sus futbolistas dejaron el campo con rictus de desazón. Lo habían entregado todo, generaron opciones suficientes para romper eso que ya se empieza a parecer a lo que en Galicia se denomina “meigallo”, pero volvieron a empatar. La afición les jaleó y recompensó la entrega con aplausos. También el rival los mereció en un partido de rienda suelta, un ameno espectáculo. Y a la postre, punto a punto, habrá que colegir que todo suma hacia la meta de ambos equipos, no precisamente de los peores de la categoría.
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