“Llevo aquí desde las ocho y media de la mañana”, relataba un aficionado del Atlético, a la espera de que se abrieran las puertas de el Cerro del Espino de Majadahonda. Al borde de las once de la mañana, los alrededores del recinto de entrenamiento del Atlético eran un hervidero de padres y niños. Cerca de 2.500 personas se agolpaban en las dos colas que rodeaban las puertas de entrada. “Estamos en lo más alto y el juego se puede mejorar”. “Sin Simeone esto no sería posible”. “Cuando los delanteros marquen seremos imparables”.
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