Es época de cambio en el Espanyol, quizá el más enérgico y drástico en su historia. Se ha dado el relevo en la presidencia, en la directiva y hasta en la publicidad de la camiseta, se despidió hace unos días entre sollozos el director deportivo y hace poco se apostó por Galca en el banquillo. Pero el juego blanquiazul hace tiempo que adquirió su identidad, fútbol de contras, vértigo y prisas, y eso no se toca a no ser que se vaya por delante en el marcador porque alcanza para ensamblarse en Primera —por más que ahora la pretensión del mandatario chino Chen Yansheng sea ir a la Champions en tres años gracias a su solvente chequera— y hasta para acorralar a un Villarreal que corrió mucho pero jugó poco, aunque lo suficiente para empatar a última hora tras un saque de esquina resuelto por Musacchio, que le ganó la posición a Diop aunque también le agarró con el brazo izquierdo para evitar que le disputara el salto.
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