“Soy feliz en Sevilla”. Así se expresó Kevin Gameiro (Senlis, Francia; 1987) el pasado lunes en un programa de televisión de su país natal. Un estado de ánimo que se refleja en su vida diaria en la capital andaluza, donde su mujer y sus hijos están perfectamente integrados (uno de sus vástagos es sevillano). Lo mismo ella sigue cursos de cocina en un céntrico establecimiento de la capital que él organiza comidas donde acude al completo todo el clan de franceses de la plantilla sevillista (Rami, Tremoulinas, Kakuta, Nzonzi y Kolo, con Krychowiak de asimilado con su novia francesa). Hijo de emigrantes portugueses, a Gameiro siempre le costó gozar del estrellato en el Sevilla, tapado por la figura de Bacca, su compañero de 2013 a 2015. Con el colombiano se disputaba la titularidad en un equipo que Unai Emery siempre disponía con un delantero. Gameiro marcaba, pero el colombiano hacía los goles decisivos, como en la final de la Liga Europa de Varsovia ante el Dnipro. “Tengo más confianza y ahora intento más cosas”, señaló Gameiro después de hacerle los dos goles del triunfo al Málaga. Esos tantos le sirvieron para igualar los 34 que Bacca hizo en Liga y le permitieron llegar a los 14 en la actual temporada.
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