El fútbol puede ser un juego de ritmos. Está el de Las Palmas, cadencioso, integrado en el paisaje, los 20 grados y la brisa agradable que envolvieron el partido. Un equipo de juego al pie, respetuoso con la tradición autóctona de la Isla, donde los agujeros en el contrario se descubren antes por el recurso técnico que por el movimiento a los espacios. Un control y un giro más caño de William José a Giménez y Gabi, otro puentecito sonrojante entre las piernas de Koke de Jonathan Vieira, un cambio de juego templado y preciso de Vicente o un pase fácil de Roque, el más dinámico de todos los jugadores de Quique Setién, peculiar su estampa por llevar el pantalón a la altura del ombligo y la camiseta metida por dentro al estilo de los años cincuenta. Las Palmas sigue queriendo jugar a ser ese Brasil enterrado por la modernidad, vestido de amarillo y azul, al toque, entendiendo que todo pasa por la pelota transitando de bota en bota en entregas graciles y suaves.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/1nbUEBZ
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire