Apostó Luis Enrique por una defensa sorprendente porque tres de los actores principales no estaban, con Piqué sancionado, Alba en la rebotica y Alves en el banquillo. Por lo que entregó los costados a Aleix Vidal y Adriano –Vermaelen acompañó a Mascherano-, que a priori propondrían carreras por los costados por más que en ocasiones se despreocuparan de sus espaldas. Le salió rana la jugada al técnico azulgrana, que debió pensar que el Málaga no sería un tifón en ataque (contaba sólo 15 goles en 20 jornadas). Se equivocó en casi todo: su equipo no supo sacar el balón desde atrás y fue un coladero por los lados y por el centro; y el rival le puso contra las cuerdas por definición. Suficiente para arrinconar al equipo azulgrana, pero no para batirle. Munir y Messi, oportunistas en el área, decantaron la balanza.
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