Quien más quien menos sentía un zumbido de moscas en la oreja en Ipurua. El zumbido al que sucumbió, mareado, quizás por el éxito, quizás por el cansancio, la pasada temporada en la segunda vuelta hasta descender a los infiernos tras tener una habitación en el cielo. Y, ¡zas!, el Eibar, pura vena, puro veneno, dio un manotazo y espantó a las moscas con un manotazo, sí, un manotazo, o sea, cinco dedos, es decir, cinco goles, para ventilar al Granada, que salió al escenario lluvioso de Ipurua con sus mejores galas, un buen atrezo y buena dicción en la primera media hora del partido.
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