Siempre que le han venido mal dadas ha encontrado consuelo en su selección. Aunque con algún que otro matiz, Francia ha respaldado habitualmente a Benzema (especialmente su seleccionador, Didier Deschamps), consciente de que sobre el jugador del Real Madrid recaía el peso de guiar a una selección acostumbrada a la turbulencia, incapaz de recuperar el espíritu de la bleu que comandó Zidane a finales de los noventa y a la que convirtió en campeona del Mundo en 1998.
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