Más allá del exotismo de Puerto rico, la selección americana carece de cualquier ascendente en el mundo del balonmano. España no encontró oposición alguna, como era previsible, y lo único que restaba por dilucidar ayer era la diferencia de goles —determinante en caso de empate a puntos en el grupo—. Los goles caían y caían del marcador. En contraataque, por los extremos, desde las pivotes... Daba igual la situación. Las Guerreras martillearon sin piedad la red de Puerto Rico. La defensa tenía agujeros por tantas partes que el paseo del equipo español concluyó con un inapelable 39 a 13.
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