Es raro que un jugador visitante reciba el cariño de la afición de una manera tan exagerada. Lo es porque regresa con la idea de provocar rabia en esa gente que le aplaude agradeciéndole los servicios prestados. Eso sintió Raúl García al pisar de nuevo el Vicente Calderón, esta vez con la camiseta del Athletic. Había pancartas (“RG-8: Gracias”) y aplausos repartidos por todas las áreas de un estadio que gritó su nombre nada más verle sobre el campo.
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