Hay pocos equipos más agradecidos en un sorteo que el Arsenal. Tiene una historia romántica, ilustrada con libros estupendos como Fever Pitch (Fiebre en las gradas) de Nick Hornby; juega muy bien, y sino que se lo pregunten al Bayern Múnich de Guardiola, al que ganó en octubre en el Emirates Stadium por 2-0; está repleto de futbolistas excelentes, pocos del calibre de Özil, el mismo que pudo jugar en el Camp Nou antes de recalar en el Bernabéu; cuenta con un entrenador que sobrevive a cualquier moda y persevera en la escolarización de cadetes procedentes de clubes como el Barça (Arsène Wenger); y su nombre evoca la mejor mística de la Premier. Y, sin embargo, no consigue disputar el título de la Champions desde que perdió la final de París en 2006 contra el club de Ronaldinho y Rijkaard, por más que aquel trofeo pertenece sobre todo a Belletti, Iniesta, Larsson, Eto’o y especialmente a Valdés, que negó repetidamente a Henry.
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