El pasado 22 de octubre, a las 8 de la mañana, la radio escupió la noticia de forma tremendamente inoportuna. A Johan Cruyff, por una vez, se le escapó el control de la pelota. Julen y Danae, sus nietos más pequeños, iban camino del colegio y se enteraron de la enfermedad del abuelo por boca de sus compañeros, al llegar a clase. Mientras, Jordi, su padre, volaba desde Tel Aviv, donde ejerce como director deportivo del Maccabi, equipo Champions, para acudir a la cena que había convocado su padre, con la intención de comunicar la mala noticia a todo el clan. A casi todos los amigos de Johan les pasó lo mismo.
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