Hacía tiempo que Ferrari no pillaba a trasmano a los demás equipos punteros del Mundial de Fórmula 1. Hay que ir siete años atrás para encontrar la última innovación técnica de la estructura de Maranello. “Fue la apertura que le hicimos al monoplaza debajo de la nariz, que nos dio una gran ventaja aerodinámica. Cuando los demás lo descubrieron lo copiaron, pero la FIA lo prohibió al final de temporada”, reconoce una voz cualificada y que viste de rojo. Desde entonces, Ferrari ha ido a rebufo de los demás equipos, que fueron sacándose de la chistera conceptos más o menos rompedores y con mayor o menor influencia en el rendimiento del coche. En 2009 fue el doble difusor de Brawn, y después llegaron el conducto f (McLaren), el difusor soplado de Red Bull (2010) o el FRIC de Mercedes (2014), un sistema recuperado de otras épocas que equilibraba el monoplaza en las frenadas a partir de la interconexión hidráulica de la suspensión de las cuatro ruedas.
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