Venus, la mayor de las Williams, es una mujer que nunca lo ha tenido fácil. Criada en la barriada californiana de Compton, en el seno de una familia humilde, ha vivido en sus propias carnes la crudeza del racismo o el asesinato de una hermana, entre otros muchos avatares. Pero Venus es dura como una roca. En 2011, a las puertas del US Open, le diagnosticaron una enfermedad crónica autoinmune que multiplica su fatiga y merma sus reservas de energía; desde entonces, tuvo que aprender a convivir con el síndrome de Sjögren. Su carrera pendió de un hilo y fue perdiendo plazas en el ránking, hasta quedar fuera incluso de las 100 mejores del circuito de la WTA.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/1MHd6Hq
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire