Rafael Nadal abandonó el O2 de Greenwich, el sureste de Londres, con un punto de resignación. Enfundado en ropa deportiva, atendió a los medios y después vio por televisión el clásico entre el Madrid y el Barcelona junto a su gente. Luego, cuando la noche y el frío ya caían en Londres, recorrió el Támesis en barco para descansar finalmente en su hotel. “Novak es, por el momento, prácticamente imbatible. Lo único que puedes hacer es felicitarle. Las cosas están hoy así. Lo que él está haciendo es sencillamente increíble”, expuso el español, que elogió sin miramientos al serbio e hizo autocrítica, aunque dejó una puerta abierta a la esperanza, concentrada ya en el año venidero.
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