Porque en su cabeza nunca existió la rendición, Raúl convirtió los rechaces en sentencias de muerte, aparecía de la nada para burlar a los porteros, olía la sangre y mandaba callar al estadio. Porque nunca entregó las armas, con un fútbol inclasificable y callejero, ganó con el Madrid seis ligas y tres Champions. Y porque no bajó los brazos, ayer en Nueva York, a punto de retirarse con 38 años, se le aplaudió como a un héroe. Raúl González Blanco (Madrid, 1977) marcó para el Cosmos el gol que lleva al equipo a la final de la liga de fútbol norteamericana: un control en la frontal del área, un disparo, toque al palo y dentro. El 7, el excapitán madridista convertido ya en emblema, colgará las botas luchando por su último título dentro de una semana.
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