mercredi 11 novembre 2015

Mariano Rajoy se levantó a las siete para ir al dentista

Resulta muy difícil, casi imposible, imaginarse a alguien tan incapaz de decir una palabra más alta que otra como Vicente del Bosque, el culmen del equilibrio, pero llegó un momento de su charla radiofónica con Mariano Rajoy, con José Ramón de la Morena de intermediario, en la que el seleccionador nacional no pudo aguantarse más y se rindió. “Oírle al presidente, oír todas sus tareas diarias, me abruma”, soltó el seleccionador, y lo dijo como alguien que se ha encontrado con alguien capaz de hacer más alarde de sensatez que él, pues eso es lo que pareció el presidente del Gobierno, capaz de convertir sus recuerdos, muchísimos, de las glorias deportivas españolas, el catálogo de emociones que a tantos aún conmueve, en una lista de reyes godos, un tema de una oposición memorizada declamada de carrerilla con aires solemnes y pomposos de sabihondo que espera que el cura le dé un caramelo como premio por saberse la lección.

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