No sabe muy bien Danny Kent cuándo empezó a complicársele tanto el Mundial. Cuándo empezó a torcerse un campeonato que parecía cantado, por la consistencia que demostraba en la pista, la superioridad de su Honda, la seriedad del piloto, de 21 años, y una experiencia que le valía la etiqueta de favorito, toda vez que había probado incluso suerte en Moto2 antes de volver a bajar a Moto3 para regresar con más fuerza a la categoría intermedia el año próximo. No se bajó más que en una ocasión del podio en las primeras nueve carreras del año, y acabó cuarto. Desde entonces, sólo le salvó correr en casa, donde cosechó su última victoria, a finales de agosto. Desde que dejó Silverstone no ha hecho más que sufrir en la pista. Y pensar. Y darle vueltas al coco.
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