En una selección plagada de centrocampistas de buen pie acostumbrados a acelerar el juego en los último metros solo cuando es el toque el que genera los espacios, dos delanteros pueden parecer dos cuerpos extraños y hasta un exceso. El jueves, cuando se supo que Del Bosque alinearía a Diego Costa y a Paco Alcácer la variante ya chirrió.
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