Llegados al vestuario, los jugadores del Getafe se harían todos la misma pregunta: ¿qué pecado cometimos para jugar bien tanto tiempo y perder para siempre? ¿Quizás la frialdad en ataque, la falta de puntería, esas cosas de las malas rachas (aún no ha ganado fuera)? Rumiando la pregunta se volvió para casa con otra derrota, con un buen medio partido, con una curva descendente a medida que encajaba los goles del Eibar y ajusticiado finalmente por un penalti dudoso que además le dejó con 10 futbolistas a falta de media hora.
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