El despliegue ofensivo del Barcelona agotó al perseverante y entusiasta Zalgiris. Su triunfo se basó en una sucesión de fogonazos que le redimieron de sus intermitencias defensivas y alguna repentina bajada de tensión. Primero Perperoglou, después Arroyo, más adelante Navarro, y también Pau Ribas fueron pasándose el relevo con una puntería y una decisión que hizo mella en el equipo lituano.
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