Ni era la primera vez que dos pilotos chocaban en la pista, ni la primera que dirección de carrera sancionaba a uno de ellos. Tampoco era la primera ocasión en la que Valentino Rossi se veía envuelto en la polémica. Ni era nuevo en ello Marc Márquez, tan amigo de pilotar rozando los límites. Pero todo se sobredimensionó de una manera desconocida. El Mundial tocaba a su fin, el ambiente se caldeó. Y lo hizo mucho más lejos de Malasia, donde sucedió la acción. Las redes sociales daban buena cuenta de cuánto había calado aquél incidente entre las aficiones de ambos pilotos en el gran premio de Malasia, de cuántas ganas había de que llegara la siguiente carrera y del interés de las partes por bajar los decibelios.
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