La procesión de entrenadores y jugadores que se sucede a los partidos del Bernabéu comienza a adquirir tonos de feria hortofrutícola. Los participantes se muestran más preocupados por vender sus productos que por explicar lo que ocurrió en el campo. Los entrenadores declaran que son espléndidos, que han hecho un trabajo espectacular, contradiciéndose mutuamente, o contradiciendo la realidad cuando la evidencia es que se practica un fútbol insustancial. El epítome de esta política de comunicación fue Marcelo, que tras intervenir en el 3-0 al Levante salió a la pasarela y proclamó lo inverosímil: “Somos un equipo que divierte”.
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