Si Valentino Rossi se marcha de la menuda isla australiana derrotado es porque tenía un plan que, con algunas pequeñas variaciones, quería ser capaz de cumplir. Aspiraba a ganar en Phillip Island. Y sin embargo, quedó apeado del podio en una de las carreras más emocionantes de la temporada, con una batalla a tres electrizante y con un Lorenzo que parecía estar en otra órbita distinta hasta que apareció Márquez. Aquello le obliga a asumir que ganar el Mundial en Malasia, como pretendía, empieza ser una empresa harto complicada (debería ganar la carrera y que Lorenzo fuera sexto o peor, por ejemplo). Pero por otro lado, sus aspiraciones siguen intactas. Es él quien sigue siendo el líder de MotoGP, quien depende de sí mismo para proclamarse campeón (le basta con dos segundos puestos), y quien tiene una ventaja de once puntos a falta de dos carreras. La moral, claro, desempeña un papel importante. “Este es un Mundial en el que si un día gana Lorenzo él pasa a ser el favorito; en cuanto gano yo, vuelvo a serlo yo”, resume el italiano.
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