Sochi no le sienta bien a la Fórmula 1. El año pasado, la caravana aterrizaba aquí por primera vez, unos días después de aquella trágica carrera disputada en Suzuka en la que Jules Bianchi sufrió el accidente que este verano terminó costándole la vida. En la segunda edición del gran premio más descafeinado del calendario, la angustia permanece instalada en la caravana de Red Bull. Son pocos los que en estos momentos saben que papel jugará la escudería energética la temporada que viene. Todo el personal, desde el que atiende a los invitados hasta los ingenieros y pasando por los mecánicos, no puede ocultar su ansiedad. Sienten que la situación es tan extrema que no pueden evitar preguntarle al periodista de turno qué sabe él del asunto: “¿Qué debemos hacer?”.
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