Frente al día plomizo que se reflejaba en las agrisadas aguas del lago Lemán, un brillo metálico procedente de un goteo negro se adentraba en la sede de la UEFA en Nyon. El lujo de coches de alta gama, la mayoría con los cristales tintados, rompían por contraste con el paisaje manso. Un tráiler de destrucción de documentos confidenciales, según se podía leer en sus laterales, también contribuyó a agitar esas primeras horas de la mañana.
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