Los enfrentamientos de Ángel María Villar con las instituciones, su ausencia y su silencio como cabeza visible del fútbol español en casos como la violencia ultra y el manejo en la sombra de su vicepresidente económico, Juan Padrón, ya habían generado un ambiente de discrepancias en el seno de la Federación Española de Fútbol (FEF). Ahora, con el reconocimiento por parte de la FIFA de que Villar está siendo investigado por negarse a cooperar en las pesquisas sobre la presunta compra de votos en las elecciones de Qatar y Rusia como sedes de los Mundiales 2018 y 2022, respectivamente, la sensación de inquietud y turbiedad ha aumentado en la sede federativa.
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