Vicente del Bosque siempre expone la final de la Eurocopa de 2012 conquistada en Kiev como el partido perfecto. Por el rival, Italia, por el resultado (4-0), pero sobre todo por el juego desplegado. Aquello fue el culmen de un plan que empezó a urdir meses antes cuando en un amistoso contra Croacia y en un partido de clasificación contra Escocia alineó a Cesc Fábregas de falso nueve. La decisión suponía prescindir de los delanteros para poblar el centro del campo de la mayoría de jugadores que habían sellado el estilo con el triunfo en la Eurocopa de 2008, bajo la dirección de Luis Aragonés, y el Mundial de 2010 ya con él en el cargo. España se midió a Italia con Xavi, Busquets, Xabi Alonso, Silva, Iniesta en el medio del campo y con Cesc en punta. De alguna manera, el triunfo le hizo sentirse a Del Bosque un tanto revolucionario al dejar en el banquillo a Negredo y Torres. “Puedo decir que en mi etapa como seleccionador el mejor momento de juego fue ese partido, ahora vamos paso a paso para tratar de formar de nuevo un buen equipo”, recalcó el seleccionador español.
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