Primero tumbó a Brasil en Santiago mezclando un ejercicio de precisión quirúrgica con la pelota y un carrusel de variantes tácticas que terminaron por dejar a su ilustrísimo rival confundido y abrumado. Dos a cero. Cinco días después superó el más hostil de los ambientes para ganar en el estadio nacional de Lima a Perú por 3 a 4, con muchas arrobas de carácter y una tonelada de audacia.
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