Los tres grandes aspirantes al título de Liga tienen un nexo común en este amanecer de la temporada: el mayor intervencionismo de los técnicos. A Luis Enrique, con las barreras de la FIFA y las bajas de Messi e Iniesta, no le queda más remedio. No le vale el molde del triplete. A Diego Simeone le ha dado por configurar una plantilla con más perfiles ofensivos que nunca y debe resetear su exitoso brebaje de los cursos precedentes. Lo de Rafa Benítez es otra cosa: es nuevo en la plaza y quiere poner el sello, máxime cuando nunca fue un liberal de campo. Lo suyo es el juego con el mando a distancia. Hay poco margen para que alguien improvise ante un metódico obsesivo como él, cum laude frente al vídeo y todas las megas posibles.
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