En las galerías del Hotel Mercure Aeroport de Lille se cruzaban, en constante ajetreo, la tensión, la felicidad, los miedos y las ambiciones. Teodosic, Valanciunas, Bjelica, Maciulis y compañía rumiaban la semifinal que iban a disputar horas más tarde Serbia y Lituania, mientras Pau Gasol firmaba a granel actas del partido ante Francia, camisetas y balones para el recuerdo antes de que la selección española cogiera el autobús rumbo al entrenamiento vespertino en el que el conjunto de Scariolo comenzó a preparar su sexta final en los últimos nueve europeos. El tótem de España ponía rubrica a la epopeya con la que rindió al anfitrión: 40 puntos, 11 rebotes, tres tapones y 11 faltas recibidas en los 36m 27sque estuvo sobre el parquet del Stade Pierre-Mauroy de Lille. Tiempo suficiente para cincelar su leyenda ante 27.000 sueños rotos.
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