Inglaterra se ha impuesto este viernes en la cita inaugural de su Mundial a las circunstancias, partiendo de la rareza de cambiarse en el vestuario visitante de su fortín. El blanco en Twickenham lo llevó Fiyi, un rival que amenaza con trasladar su deliciosa locura a cada cita, que exige mantener los cánones intactos, la confianza en la corrección. Pese a su mejorable regreso de vestuarios, el XV de la Rosa mantuvo a tono el físico y mental para sacar el máximo rendimiento a la noche: victoria (35-11) y el punto bonus de los cuatro ensayos. No cabía el traspié en un grupo que busca una víctima entre los anfitriones, Gales y Australia.
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