En el curso pasado el baile de los centrocampistas danzaba a ritmo de rock & roll. No había partido en el que repitiera cromos Luis Enrique, convencido de que con las rotaciones en la zona de más exigencia física por las idas y venidas daría oxígeno y salud al equipo, también ritmo, en los meses finales de la competición. No se equivocó el entrenador del Barcelona, que logró dar una marcha más a sus futbolistas cuando el resto resoplaba y sacaba la lengua por la fatiga. Y lo ganaron todo. Ahora, se enfrentan a una temporada distinta marcada por las lesiones, por la exigencia del calendario y por la sanción de la FIFA hasta enero.
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