Tres meses después, la vuelta del Madrid al Bernabéu sirvió para medir la paz con su afición. Sin las grandes contrataciones que disparan la mercadotecnia blanca, a la espera de la posible llegada de De Gea, Florentino Pérez y Sergio Ramos cerraron el conflicto que ha sobrevolado la actualidad estival del Real Madrid. Minutos después de que lo hiciera el Galatasaray, el capitán blanco comandó el desfile de su equipo para el calentamiento. Se fue a una esquina y aplaudió a la grada, se fue a la otra e hizo lo mismo. El Bernabéu le respondió con aplausos y algún pito lejano, un sonido todavía camuflado por la potente megafonía del estadio, y su estridente música.
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