Llegó el fútbol de verdad y el Sevilla, sin embargo, fue de mentira. No hubo rastro de ese equipo pujante y poderoso que desea su entrenador, Emery. Fallaron muchas piezas en la maquinaria que engrasa el vasco. Bien que se aprovechó el Málaga, de menos calidad, pero con mucho más corazón, más intenso e inteligente en sus acciones. Casi nunca fue superior el Sevilla. Si acaso en un cuarto de hora de la primera mitad donde Gameiro falló tres goles cantados.
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