Tiene apellido de cantante de boleros valenciano y los ojos verdes que se les supone a los galeses que fundaron en la Patagonia Rawson, la ciudad en la que nació, para criar ovejas merinas de buena lana. Es Eduardo Sepúlveda, tiene 24 años y ninguna bandera argentina le espera en las salidas de las etapas donde grupos bulliciosos de eritreos afectos a la dictadura de su país saludan todos los días a los dos ciclistas de su país, los dos primeros representantes del África negra en la historia de la gran carrera, ondeando telas con los triángulos rojo, verde y azula; o donde siempre hay colombianos con sus colores rodeando el autobús de Nairo.
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