Pese a que se le hayan endurecido ligeramente los rasgos faciales, Martina Hingis (Košice, Eslovenia; 34 años) es una fotocopia de aquella niña prodigio que irrumpió en el circuito de la WTA como un torbellino y defendió el número uno durante 209 semanas. “¡Gracias!”, corresponde al piropo, “pero en ocasiones me gustaría volver a tener otra vez 16 [la edad con la que ganó su primer Wimbledon]… o 25”. En su hoja de servicios figuran cinco títulos del Grand Slam (tres en Australia, uno en Londres y otro en EE UU) y dejó huella en el tenis con un estilo tradicional, de golpes depurados y juego cerebral. Recibe a EL PAÍS en una mañana lluviosa, en un coqueto club anexo al complejo principal.
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