A sus 28 años, después de pasar por al altar –ayer se cumplía exactamente un año de su enlace matrimonial– y de tener su primer hijo, Novak Djokovic se ha moderado; ligeramente, pero ha habido un cambio. Ahora ofrece menos show, pero sigue regalando alguna que otra píldora. Ayer, tras batir a Roger Federer, se inclinó sobre el césped de la central, arrancó unas hebras de hierba y las ingirió. “Estaba seguro de que estaban exentas de gluten, de que eran completamente orgánicas”, bromeó el serbio, fibrado y elástico gracias a sus metódicos hábitos alimenticios.
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