Sabía Márquez que no había gozado de oportunidad como esta en toda la temporada. Volvía a sentir la moto, se veía capaz de dominarla, incluso en esas pocas curvas, la octava y la duodécima, que se le complicaban en frenada. Había pasado tantas carreras peleándose con su Honda que no tenía claro si, como dos semanas atrás en Assen, podría concentrarse en pelearse con sus rivales. Y eso que no ha habido piloto más rápido en esta pista en todo el fin de semana que él. Pero tenía claro que no hay muchos circuitos como Sachsenring, pequeño, revirado, con curvas lentas, un buen puñado de ellas a la izquierda (como esos circuitos de dirt track que tanto le gustan) y apenas un par de frenadas exigentes. Sachsenring es el escenario en el que ha ganado los últimos seis años, siempre de la pole, y en todas las categorías, desde 125cc a MotoGP. Era cuestión de no fallar. Y no lo hizo.
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