No fue, a buen seguro, el cumpleaños más feliz de Rafael Nadal. Ayer, el tenista español cumplía 29 años. Desayunó temprano y a media mañana peloteó en la central, por espacio de una hora, a una intensidad relativamente elevada. Al abandonar la pista, cruce fugaz y apretón de manos con Novak Djokovic, temible adversario primero y verdugo después. El serbio caminaba con parsimonia. Junto a él, su entrenador, Boris Becker, con una cojera más que notable. A diferencia de Nadal, el serbio no se ejercitó a un ritmo superior al 30%, poco más de media hora. Así de sobrado está hoy día Nole.
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