samedi 6 juin 2015

Los caramelos de ajo

Intentaba sonreír ayer Leonardo Bonucci en la sala de prenda del Olympiastadion, ahí abajo, en las entrañas del estadio olímpico donde en su día Jesse Owens maravilló al mundo. Sonreía para alejar la tensión. Pero le era imposible disimular. El rostro tenso se relajó sólo cuando le preguntaron si su hijo le había dicho algo especial. “Me ha preguntado esta mañana que adónde iba. Cuando le dije que a Berlín, a trabajar, resopló diciéndome que él quería ir a la playa”, contó el central de la Juve ante las carcajadas de los periodistas.

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