vendredi 5 juin 2015

La dulce hipoteca de Pirlo

El Juventus de Allegri es valiente. Más allá de que se sienta cómodo en la espera y la defensa de su área, no es un equipo reactivo por naturaleza. Imposible que lo sea cuando tiene a Pirlo al mando de las operaciones con balón, una convicción que condiciona el plan sin disimulo. Juega como mediocentro único, aunque en la fase defensiva necesite la protección sin matices de Vidal, Pogba y Marchisio porque su actividad de piernas y despliegue nunca estarán a la altura de sus pies y de su cabeza, y menos ahora. Por eso, sólo alguien con la capacidad física de Vidal puede defender como un mediocentro y atacar como un media punta, ocupar tanto espacio con tanta intensidad. El peso de Pirlo no sólo influye en los equilibrios defensivos, también obliga a la Juve a salir desde atrás con el balón para dar sentido a su presencia. Allegri ha animado a los centrales Bonucci, Chiellini –baja por lesión- y Barzagli a esforzarse en cuidar el primer pase, aunque no hayan nacido para ello, para que Pirlo active la circulación, de luz a la transición y bata las líneas de presión. Además, ni Morata ni Tévez pueden garantizar la conquista del balón largo en un fútbol más directo, como sí podía hacer Llorente con Conte en el banquillo. Incluso Buffon muestra en su nueva versión una habilidad notable en el juego con los pies, tanto en la elección de la línea de pase como en la seguridad de su ejecución. A pesar de su valentía, de sus principios o de la ayuda de Pirlo, los centrales no dominan esta asignatura y es frecuente algún resbalón contra la presión alta. O en su defecto, ante las dificultades, el balonazo largo para evitar riesgos de pérdidas, aunque eso suponga la desaparición de Pirlo y, en consecuencia, la obligación de resistir más que de proponer.

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