Rafa Benítez atravesaba uno de los momentos más áridos de su carrera como entrenador cuando le llamó su agente, Manuel García Quilón, hace unos días. El representante le anunció que el Real Madrid quería ficharle. Al técnico madrileño le costó trabajo salir de la incredulidad. Sus dos temporadas en el Nápoles estaban concluyendo de mala manera. Sin títulos, fuera de los puestos de Champions, enfrentado a los pesos pesados de la plantilla, y con el dueño del club, Aurelio de Laurentis, resuelto a no renovarle el contrato. Parecía mentira que le llamase el Madrid. Pero era cierto. Ayer, cuando el presidente Florentino Pérez le presentó en el Bernabéu, no pudo reprimir las lágrimas.
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