Aseguran en el vestuario que últimamente Messi se comunica más, incluso con empleados con los que no tenía confianza o la perdió por causas particulares en momentos de desespero, hace observaciones que no eran habituales, relativiza cosas que le sacaban de quicio y se muestra más persona, como si antes no lo fuera, condicionado por ser el mejor jugador del mundo y, como tal, resultara más figura que hombre, caprichoso y dictador, igual que Di Stéfano, Pelé, Maradona o Cruyff.
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